jueves, 2 de mayo de 2013
miércoles, 1 de mayo de 2013
EL JUEGO DE LA SOLEDAD
EL
JUEGO DE LA SOLEDAD
Introducción
En esta ocasión la revista Chaaale del Bachilleres 10 nos sorprende con una historia diferente, un cuento de suspenso y de terror que con una pequeña dosis de sadismo nos relata la dolorosa experiencia de un hombre que termina condenado a la soledad y la locura.
Por
Ester Abigail Martínez Cianca
Me
encadenaron a bloques de cemento. Miré a mi alrededor y vi gente gritando en la
misma situación que yo. Tengo miedo. Salen
de mi cabeza preguntas como ¿Qué es este lugar? ¿Qué hago aquí? ¿Quiénes son
estas personas?
Vi
un charco de sangre y armas que me aterrorizan, las lámparas iluminan muy poco
el lugar que es amplio alto y con paredes de ladrillo. Se percibía un olor a
humedad y las ratas se paseaban de un lado a otro.
Llega
a mi mente un vago recuerdo: acuchillé a esa persona en múltiples ocasiones y
vi en el suelo un charco de sangre, tenía
miedo y escalofrió al pensar que podían hacer lo mismo conmigo.
De
repente, siento una mano que se pega a
mi pantorrilla. Me está buscando una vena.
Me clava una aguja. Siento frio… Me siento débil.
Lo
que haya sido que me inyectaron, me durmió por no sé cuanto tiempo, pero fue lo
suficiente para que me trajeran a este otro lugar que es muy diferente: parece
un hospital, no huele mal y la blancura de los uniformes me deslumbra. Tengo
hambre, quisiera saber qué es lo que esta pasando, pero me da miedo
preguntar.Aquella mujer ya lo hizo y la ignoraron. No me quiero arriesgar…
¿Comida?
Sí, huele a comida. Cómo quisiera que fuera para mí. Creo que sí es para mí.
-
Anda comete todo, todo ¿Entendiste?-
Ahora regreso.
-
Gracias pero…
-
Nada, no te molestes en
preguntar nada.
Eso
me aterrorizó, pero la verdad es que tenía mucha hambre, así que no pregunté
nada más y me devoré todo. Estas personas
parecen más amables y la verdad no sé si debería tranquilizarme o preocuparme.
No recuerdo quién soy, me veo en el espejo y trato de recordar, pero nada, no recuerdo nada.
No
tengo idea de cuánto tiempo llevo aquí en este lugar. Parece que el tiempo no transcurre.
Solo sé que aquel señor con enorme barba
me trae comida. Tal vez eso quiere decir que ya es me dio tarde o medio
temprano. No lo sé. Realmente solo trato de consolarme, pero no sé nada. Comienzo
a frustrarme mucho, pienso que tal vez mi familia, si es que tengo, esté sufriendo
por mí o talvez ellos me mandaron aquí, pero porqué alguien puede ser tan cruel
acaso.
Me
quedé dormido un rato, no sé cuánto, pero hubiese deseado no soñar.
Esa pesadilla otra vez ronda por mi cabeza. No puedo sacarme la imagen de esa persona a la que acuchillé ¿Y si no es un
sueño? ¿Si de verdad lo mate? Podría tener sentido…
No muy
lejos de ahí, tan solo unos cuantos pisos debajo…
Doctor
Skaldavora, el paciente 0089 aún no
recupera la memoria y todo el día
se la pasa hablando, preguntándose
a si mismo cientos de cosas.
Si
enfermero, usted debe entender desde que lo rescatamos de aquel encierro –
¿cual encierro?- preguntó el enfermero.
Ese
paciente solo es una víctima más de Tooby Toy, un enfermo mental que drogó a
sus víctimas y las obligó a matar a su familia cruelmente. Después les inyectó una droga para olvidar
todo, pero los mantiene encerrados y en muy mal estado hasta que llegue el
momento de que se aburra de ellos y pueda comerlos.
¿Comerlos?
Si comerlos, está loco te lo dije.
El
paciente 0089 es uno de los siete únicos, hasta ahora sobrevivientes, de este
hombre y créeme mientras Tooby Toy esté suelto, no hay mejor lugar para el
paciente 0089 que este manicomio y de todos modos si algún día recupera la
memoria, loco se volverá cuando recuerde que mató a la única familia que tenía:
su hijo.
EL DESTIERRO
EL DESTIERRO
Por David Alejandro Robles Deloya
Introducción
Una historia de
amor con toques de ficción y religiosidad. En este relato pertenece la creación
de cuentos juveniles del colegio de bachilleres 10. Es una historia de amor
escrita en un momento de soledad y que tiene como protagonistas principales a
esas criaturas espirituales a las que llamamos “ángeles”; queda así pues
inscrita en la extensa gama de cuentos latino americanos.
Por falta menos grave que la de
Luzbel. Alcanzó proporciones de caída. Un ángel fue condenado a la pena de
destierro en el mundo. Tenía que cumplirla por un año, lo cual supone una
inmensa pérdida de felicidad; ya que este ángel tenía complejo de superioridad
ante los otros ángeles, un año es una eternidad que no se recupera de la noche
a la mañana. Sin embargo, el ángel, sin saber el porqué de su penitencia, no
chistó; bajó los ojos, abrió las alas, y con vuelo lento descendió a nuestro
planeta.
Lo primero que sintió al poner
los pies en la tierra fue una dolorosa impresión de soledad y aislamiento. A
nadie conocía y nadie le conocía a él tampoco bajo la forma humana que se le
había dado a adoptar. Su estancia en el mundo se le hacía pesada e intolerable,
pues los ángeles no son aislados con los demás seres, sino sociables, puesto
que nunca andan solos. Se juntan y acompañan para cantar himnos de gloria, para
agruparse al pie de su trono y hasta para recorrer las amenidades del Paraíso.
Aburrido de ver pasar caras
desconocidas y gente indiferente; el ángel, la tarde del primer día de su
castigo, salió de una gran ciudad, se sentó a la orilla del camino, sobre una
piedra y alzó los ojos hacia el cielo que le ocultaba su verdadero hogar y que
estaba a la sazón teñido de un verde luminoso, ligeramente franjeado de naranja
a la parte del Poniente. El desterrado gimió pensando cómo podría volver a la
casa de sus hermanos, pero sabía que una orden de lo más alto no se revoca
fácilmente y entre la melancolía del atardecer apoyó en las manos la cabeza y
lloró hermosas lágrimas, pues aparte del dolor del castigo, pedía perdón por
alguna falta que hubiese cometido sin saberlo, este ángel era un ángel bastante
bueno.
Apenas se calmó, se le ocurrió
mirar hacia el suelo, y vio que donde habían caído gotas de su llanto, nacían y
crecían muchas flores blancas, de las que llaman margaritas, pero que tenían
los pétalos de perlas y el corazoncito de oro. El ángel se inclinó, recogió una
por una las maravillosas flores y las guardó cuidadosamente en su manto. Al
bajarse para la recolección distinguió en el suelo un objeto blanco -Un pedazo
de papel, un trozo de periódico-. Lo tomó también y empezó a leerlo, con gozo
profundo vio que ocupaban una columna del periódico unos desiguales renglones,
bajo este un texto que decía: A un ángel.
¡A un ángel! ¡Qué coincidencia!
Leyó afanosamente, y, por el contexto de la poesía, dedujo que el ángel vivía
en la Tierra y habitaba una casa en la ciudad, cuyas señas daba minuciosamente
el poeta describiendo un jardín tapizado de jazmín, de donde se desbordaban las
enredaderas y los rosales, hasta llegar
a la calle, con la torre de la iglesia a la vuelta. Alguno de mis hermanos
-pensó el desterrado- ha cometido, sin duda, otro delito igual al mío y le han
aplicado la misma pena que a mí. ¡Qué consuelo tan grande recibirá cuando me
vea!¡Qué felicidad la suya, y también la mía, al encontrar un compañero! Y no
puedo tener dudas que no lo sea. El texto lo dice bien claro; que ha bajado del
cielo, que está aquí en el mundo, por casualidad, y el poeta añora aquel día menos pensado
regresar a su hogar... ¡Claro, es él! Tengo que buscarlo lo más pronto posible.
Dicho y hecho, el ángel se
dirigió hacia la ciudad. No sabía en qué barrio podría vivir su hermano; pero
estaba seguro de encontrarlo pronto. Hasta suponía que de la casa habitada por
el ángel se exhalaría un perfume peculiar que delataría su presencia. Empezó, a
recorrer calles y callejones. La luna brillaba, y a su luz clarísima el ángel
podía examinar los jardines y ver por cuál de ellos se enramaba el jazmín y se
desbordaban las rosas.
Al fin, en una calle muy
solitaria, un aroma que traía la brisa hizo latir fuertemente el corazón del
ángel. No olía a gloria, pero sí a jazmín; y el perfume era embriagador, como
un pensamiento amoroso. A la vez que percibía el perfume, vio tras los barrotes
de una reja una cara muy bonita, rodeada de una aureola de pelo oscuro. No
cabía duda, aquel era el otro ángel desterrado, el que le hacía olvidar la pena
de la soledad. Se acercó a la reja lleno de emoción.
Sin duda desde el primer
momento, sin más explicaciones, se convino en que, efectivamente era un ángel
la criatura resguardada por la reja; acostumbrada a llamar en verso, no extrañó
que esa voz fuese angélica.
Lo que también comprendió el
ángel desterrado fue que el otro ángel era doblemente desdichado que él, pues
se quejaba de no poder salir de allí, de que le tenían encerado y vigilaban
mucho, de que le tenían sujeto entre cuatro paredes y de que su único desahogo
era asomarse a aquella reja a respirar el aire nocturno para distraerse. El
desterrado prometió acudir sin falta todas las noches a darle su compañía como
consuelo al recluso, y tan a gusto cumplió su promesa que desde entones lo
único que le pareció largo fue el día, mientras no llegaba la hora de poder ver
a su criatura.
Cada noche se prolongaba más y,
por último, solo cuando amanecía y se apagaban las estrellas se retiraba de la
reja el ángel, tan dichoso, como si ya estuviera en su hogar. Sin embargo, el
recluso iba mostrándose descontento y exigente. Sacando los dedos por la reja y
agarrando los de su amigo, le pregunto, con mal humor, cuándo pensaba
libertarse de aquel cautiverio.
El ángel, para entretenerle, le
arregló las margaritas de corazón de oro y pétalos de perlas; hasta que le tuvo
que decir que sin duda el encierro era disposición de Dios, y que no se debían
desobedecer los mandatos de Dios. Una carcajada burlona fue la respuesta del
encerrado, y a la otra noche, al acudir a la reja, el ángel vio con sorpresa
que por la puertecilla del jardín salía una figura tapada, que un brazo se
cogía de su brazo y una voz dulce, apasionada le decía al oído - Ya somos
libres... Llévame contigo... Escapemos pronto, no sea que me echen de menos -.
El ángel no tardó en responder.
Apretó el paso y huyeron, no sólo de la calle, sino de la ciudad, refugiándose
en el monte. La noche era hermosa, del mes de diciembre; se acogieron al pie de
un árbol frondoso; él, saboreando plácidamente, como ángel que era, la dicha de
estar juntos; y ella no podía explicarse -ahora que ya no se interponía entre
ellos la reja -cómo su compañero de fuga, no formaba planes de vida, como no
hablaba de matrimonio y otros temas de indiscutible actualidad. Nada, allí se
mantenía sereno, contento al parecer;
extasiado, sonriendo; abrigándola con su manto y mirando al cielo, lo mismo que
si de la luna fuese a caerle alimento. La mujer, que empezó por extrañarse, acabó
por indignarse y enfurecer. Se alejó algunos pasos y como el ángel le
preguntaba la causa de su enojo, alzó la mano de súbito y descargó en la
hermosa mejilla angélica una estruendosa cachetada. Después de haberlo hecho
empezó a correr en dirección de la ciudad como una loca. Y él, abandonado, sin
sentir el dolor ni la ofensa, murmuraba tristemente:
-¡El poeta mentía! ¡No era un ángel!
A lo que se refería era a ella
misma, hasta ese momento reaccionó, al analizar con detenimiento todo, decidió
volver a aquella reja para reencontrarse con aquella criatura que le había
demostrado que en su mundo no todo era malo ya que ella, la había dado un giro
muy peculiar a su destierro. Al momento de tenerla frente a frente, las nubes
se abrieron y una multitud de ángeles bajaron, y se escuchó una voz que le
decía:
-
Estas perdonado –
Y sin pensarlo su respuesta
fue:
-
Para que ir a mi hogar, si estoy en el –
Y en un santiamén,
desaparecieron los ángeles celestiales llevándose consigo las alas que habían
acompañado al ángel durante su destierro y su búsqueda, quedando solo aquella
criatura hermosa llevaba por nombre Alejandra y el verdadero ángel al cual se
le asignó el nombre de Santiago enlazados con un beso, el beso del verdadero
amor.
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CAMBIO DE DESTINO. CUENTO DE FICCIÓN
CAMBIO DE DESTINO
Por Noemí Correa España
Introducción
En esta ocasión la revista Chaaale del Bachilleres 10 presenta un texto que corresponde al género de los cuentos de ficción. Estos cuentos juveniles online que presentaremos, o mejor dicho este cuento, nos hablará acerca de los chaneques, esas diminutas criaturas que pueblan el folklore mexicano. Queremos contribuir con esta aportación de la alumna Noemí Correa España al enriquecimiento del mundo de los cuentos latino americanos. Sin más preámbulo los dejamos con este cuento corto, este cueto que habla del destino.
Despierto a causa del dolor << sentada en el comedor donde desayunaba con mis hermanas>>. Recuerdo eso perfectamente. Se escucha un sonido detonante que aturde los oídos y corrompe la tranquilidad del ambiente. En este momento alguien grita ¡Empieza la guerra! Y en seguida un hombre grita la frase ¡Mi corazón palpita desenfrenado! ¿Será dejavú? O podré ver el futuro…
Mi mente retrocede en el tiempo. Me vi tirada en el suelo llorando; y la melancolía era extrema hasta que vi una mujer, era como un Hada, con un resplandor inmenso que murmuro: - tienes que salvar a tus hermanas y cambiar tu destino-. En seguida mi hermana Daniela jala de mi brazo. Vuelvo en sí y me dice ¡Corre! Cuando salí de la casa quedé impactada y no me pude mover. Había un tumulto de gente realizando una clase de danza. Mis hermanas quedaron anonadadas y un poco asustadas. Me preguntaron qué hacer. Yo intentaba recordar, pero ni siquiera sostenía la mirada. Entonces Tania me soltó una bofetada y me pidió que reaccionara. En eso, dijo Estrella: - miren, parece que nos van a atacar-. Esa escena como predestinada vino a mi mente y les dije escaparan al patio detrás de la casa. Yo me escondí por ahí mismo y noté que a la gente la metían en una clase de esfera cristalina que expulsaban esos tanques y la gente subía por los cielos y cuando bajaban parecían no tener alma y empezaban a actuar igual que la mayoría de las personas que danzaban con desenfreno, como animales retorciéndose. Mis piernas no las sentía y me temblaban. A la hora de querer correr, caí boca abajo y pensé infinidades de posibilidades; en cómo salvar a quienes más amo, mis hermanas, y en el recuerdo tan repentino de aquella mujer.
El hecho de pensar ambiciosamente queriendo rescatar solo a mi linaje me parecía algo egoísta y estúpido. Me levanté y corrí donde estaban mis hermanas; Daniela, la menor, estaba llorando y me decía: - Jenny, qué está pasando, por qué la gente se comparta así-. Le dije que no había tiempo para explicaciones, teníamos que ser fuertes y luchar contra ello. Tania me miró y dijo: - Sabes que papá siempre decía que si había problemas mayores, utilizáramos las armas.
Sigilosamente entramos a la casa. Esas bestias verdes y enanas estaban en la habitación, uno piensa que será fácil matarlos, pero no son algo natural. Su nivel de controlar tiempo-espacio es impresionante. Mientras explicaba esto a mis hermanas; uno de esos enanos estaba atrás de Estrella. Antes de que pudiera atacarla, agarré su brazo, lo jalé, tapé su boca y le rompí el cuello. Todo eso en un solo segundo. Estrella casi gritaba, pero se detuvo. Todas me veían como si yo no fuera yo. Tania preguntó qué era lo que me pasaba, le respondí que no había tiempo para explicaciones.
Ya había visto ese futuro. Las creaturas verdes estaban saqueando la casa. Enfurecí tanto, que la fuerza corrompió mis huesos y empecé a actuar impulsivamente. Entré al cuarto y renací en un espectro de nombre Shisha. Mis ojos eran tornasol y fluía como el agua de las cascadas. Iba y venía de un lado a otro quebrando brazos y rompiendo piernas, azotando cráneos y partiendo a la mitad las mandíbulas de aquellos monstruos. Mis hermanas quedaron petrificadas. En el cuarto solo mi voz se escuchó diciendo ¡Saquen las armas! Estrella y Tania sacaron del cajón de la ropa de papá la llave; Daniela se metió debajo de la cama donde se ubica un contenedor y abrió la cerradura que nos permitió agarrar las armas. Le dije a Daniela que ella venía conmigo. Ella me miró con asombro y me dijo: - Tú nos salvaras-. Sombríamente le respondí que no solo a ellas, sino a todo el mundo
Salimos por la parte trasera de la casa y de la nada salió un tanque destrozando el rejado. Apuntando hacia nosotras salieron las esferas cristalinas. Empecé a esquivar las esferas. Daniela estaba muy espantada y le dije mandé irse a un refugio con mis otras hermanas, que después las buscaría.
Las creaturas me atraparon en la esfera y mientras subía por el aire, podía ver los rostros desesperados de gente huyendo. Me senté en la esfera y me sentí inútil. Cuando alcé la mirada vi una especie de nave donde entraban y salían esferas. Vi mujeres y niños llorando. Eso me dio valor para romper con esas ligaduras. Llegué al lugar donde entraban las esferas. Me paré y la esfera desapareció. Atrás de la gente estaban los monstruos y nos hicieron formar. En el centro del lugar había un cilindro del que salió una pantalla enorme y uno de los monstruos hizo una presentación: sus nombres eran chaneques - ja, menudo nombre para las bestias- pensé. En eso, su líder pidió a la gente cediera a rendirle culto y ser sus esclavos; de lo contrario… Agarró a una niñita y la partió a la mitad. Sentí una rabia enorme. El cheneque prosiguió diciendo que si querían vivir tendrían que entrar de uno en a la cámara. La gente sumisa y asustada obedeció las órdenes. Pude observar varios túneles adentro de la nave; caminé hacia el más cercano y cuando pude escapar y llegar al túnel, empecé a inspeccionar el lugar; parecía un laberinto. Caminé sin tener un rumbo fijo hasta que llegué a un lugar que parecía una incubadora donde se encontraban las crías de los cheneques. Pensé << ahora es mi turno>>. Mi mente se empezó a perder y mi cuerpo respondía por sí solo. Introduje la mano en los huevos, saqué los fetos y los aplasté con mis garras. De repente, entraron varios chaneques y empezaron a atacarme. Nunca sentí tanta adrenalina. Empecé a fluir. Me convertí de nuevo en Shisha. Los chaneques quedaron sorprendidos y se retiraron, pero uno de ellos alcanzó a atacarme, no me lastimó, pero me hizo aparecer en otra realidad, la cual parecía un lugar donde se realizan peleas. Apareció su líder y , me miró me dijo: - Así que tú eres Shisha-. Le respondí que yo me llamaba Jennifer, que provenía de la familia Jiménez. El líder se rió brutamente y me dijo: - En serio crees que eres humana-. -No lo creo, lo afirmo- respondí. Se alzó una pared circular que nos encerró a los dos. Me dijo que eligiera un lugar para pelear. En ese momento pensé que si llegase a morir me gustaría que fuera en el mejor lugar de todos. Y con solo pensarlo, nos encontrábamos ya en aquel lugar; se veía tan joven como cuando de niña jugaba allí. Las flores tenían el mismo brillo. El cheneque dijo que ese era un buen lugar para yacer. Sacó una espada de su mano y me la lanzó. Empezamos a pelear, pero estaba un poco distraída con el paisaje << no recuerdo haber estado aquí con mi mamá, pero de algún modo siento como si la mayor parte de mi tiempo la hubiera pasado aquí con una persona especial>>. La pelea parecía ir en mi contra. Estaba muy distraída pensando en quién podría ser esa persona a la cual le tuve este afecto. Mi mente tuvo un pequeño recuerdo: << Era la cara de aquella Hada que me estaba sonriendo. Me impacté cuando volví en sí y noté que el Cheneque me había lastimado un brazo. No pude negarme a mi transformación. Mi mente divagaba entre recuerdo y realidad ¿El Hada que me rescató en aquellas memorias podría ser algo mas que un solo recuerdo? Me pregunté a mí misma. Ella tal vez podría ser mi madre de otra vida, pero, quién soy realmente. Mientras me cuestionaba, el cheneque líder lastimó mi otro brazo. Aún así quise luchar. Una luz emergió de mi pecho, por un momento sentí que mis heridas sanaban, pero, un frío aterrador y el dolor carcomían mis entrañas. Cuando bajé la mirada vi que la espada estaba clavada en mi vientre; el muy maldito logró traspasarme con ella mientras estaba indefensa. En un último esfuerzo, saqué la espada y con un solo movimiento, corté su cabeza.
El campo de flores desapareció y mi mente solo pensó en un lugar y ese fue el laberinto. El campo de batalla se transformó en esa escena. Mi cuerpo empezó a entumecerse. Mi vida caía gota por gota. De la nada apareció un destello, voltee a ver y era el Hada de mis recuerdos. Me mira y abraza tiernamente. Ella cerró mi herida y dijo: - Tanto tiempo sin verte, por lo visto no pudiste evitar tu muerte, pero cumpliste tu cometido hija mía. Quiero que veas tu mundo. Agarró mi frente y vi un panorama donde había gente muerta, incluyendo mis hermanas. Lloré, y le pregunté el porqué de esa situación. El Hada me respondió dijo que cuando maté al líder de los chaneques; ellos mataron a los humanos en venganza, pero tú puedes cambiar este final por otro que te plazca; ya que tu poder no tiene fin. Pero a cambio de regalar esperanza a la raza humana, tu vida será quitada. me estremecí y le dije que quería vivir. Ella sonrió diciendo que se refería a mi vida como humana. Tú serás conmigo y yo en ti. Miré hacia arriba y un destello iluminó todo lo que alcanzaba a observar mi vista. Al fin comprendí que yo pertenecía al mundo de la hada; ella me tomó de la mano y dijo: - todo estará bien.
Presentación de la revista juvenil online Chaaale
El impulso y la creatividad son cualidades fundamentales de las revistas juveniles online, la revista juvenil Chaaale no es la excepción. Se trata de una propuesta, desarrollada por profesores y estudiantes del Bachilleres 10, en donde los jóvenes pueden expresarse y exorcizar sus demonios a través de la creación literaria y las artes plásticas. Incluimos cuentos, diseños y poemas juveniles. Te invitamos a leer nuestro primer número online.
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